Universitario vive un momento de fortaleza y protagonismo. Ampliar la mirada hacia sus otras disciplinas no relativiza lo logrado: ayuda a entender cómo se proyecta esa grandeza.
Fuente: Universitario de Deportes.
Final contra Alianza 2025, las «leonas» se llevaron el segundo lugar del torneo.
Hablar del presente de Universitario de Deportes es hablar, inevitablemente, del fútbol masculino. En el entorno crema se repite con fuerza la idea de que la ‘U’ atraviesa su mejor momento, un discurso casi natural después de haber roto un hito histórico al ganar, por segunda vez, un tricampeonato nacional. Hoy, Universitario compite desde un lugar privilegiado, de fortaleza, garra y rendimiento sostenido, que le devolvió al club una sensación de orden, identidad y competitividad. Ese protagonismo no se explica solo por los títulos. El equipo crema volvió a instalarse como referencia del fútbol peruano y reabrió un debate legítimo: el de un proyecto deportivo que luce coherente en el tiempo.
Sin embargo, cuando se amplía la mirada y se analiza al club como una institución polideportiva, el diagnóstico exige más matices. Porque el éxito en la cancha principal no siempre se replica con la misma contundencia en el resto de disciplinas, y es ahí donde el análisis deja de ser celebratorio para volverse necesario. En el fútbol femenino, Universitario dio un paso importante en 2025 al llegar a la final nacional, confirmando que ya no es un proyecto en formación, sino un equipo instalado en la pelea grande. A lo largo del torneo mostró regularidad, carácter en instancias decisivas y la capacidad de competir de igual a igual. El título aún se resiste, pero el mensaje fue claro: ya no es un proyecto en construcción, sino uno que sostiene protagonismo y construye una identidad propia.
El vóley femenino siguió una línea similar. Universitario fue puntero de la tabla en tramos importantes de la temporada, con triunfos que lo colocan como uno de los equipos más competitivos del campeonato. Partidos que ilusionan, un rendimiento que lo mantiene en la conversación, y la respuesta por parte de la hinchada, llenando el coliseo, y dejando la garganta con cada punto. Las «pumas» ya están ahí, empujando, incomodando, exigiendo respeto. Sin embargo, otra vez, el cierre queda pendiente y los títulos volvieron a ser una frontera que aún se debe cruzar.
En futsal, quizás, aparece uno de los ejemplos más claros de consolidación fuera del futbol once. Siendo un equipo protagonista durante toda la temporada 2025, alcanzando la final nacional, que, aunque no logró coronarse, sí confirmó una presencia constante en instancias decisivas y un nivel competitivo que ya no es casualidad. Y ahí aparece un patrón que se repite. Constancia, protagonismo, competitividad. Universitario está presente, compite y llega. Pero en varias disciplinas el recorrido se detiene en el mismo punto: la necesidad de concretar ese camino con títulos nacionales. No como una exigencia inmediata, sino como el siguiente paso natural de proyectos que ya dejaron de ser promesas.
Fuente: Universitario de Deportes
Universitario cayó 4-0 en la final de Futsal Pro 2025 frente a Panta Walón, su clásico.
Hablemos de números
Los números acompañan esta percepción. En 2025, Universitario convocó a 660,153 asistentes a lo largo de la temporada. Ya no es solo fidelidad: es expectativa. Muchos hinchas van al estadio porque espera ganar, porque siente que el equipo compite desde un lugar de fortaleza y porque el resultado favorable dejó de ser una ilusión lejana para convertirse en una posibilidad concreta.
En ese contexto, hay una frase que también cambió de sentido. “Nunca den por muerto a la ‘U’” durante años fue casi una muletilla irónica que se repetía incluso cuando la realidad era otra cosa. Hoy, en cambio, dejó de ser parodia para convertirse en descripción. Universitario construyó una narrativa basada en respuestas, remontadas y partidos agónicos hasta que dejaron de serlo.
Ejemplos como el 2024 cuando Sporting Cristal se puso en ventaja por uno, pero no solo se le dio vuelta: la crema terminó ganando 4-1, en una de esas noches que todo que estuvo en el Monumental recuerda. O en la final ante Alianza Lima, el golpe del empate en la ida pudo haber sido definitivo; sin embargo, en la vuelta, Universitario respondió y terminó campeonando de visita , confirmando que este equipo no se desarma cuando la presión es máxima.
También están los triunfos más silenciosos, pero igual de reveladores. En Trujillo, ante UTC, el partido estaba 1-1 hasta el minuto 90, cuando apareció Álex Valera para marcar el gol del triunfo, clave para el Clausura. Partidos como el 2-1 ante Ayacucho, ajustados y peleados hasta el final, refuerzan la misma idea: el cuadro merengue responde en los momentos en que otros se desarman.
Los nuevos hinchas
Ese cambio también se percibe en las conversaciones con hinchas que vivieron los años más duros del club. Universitario pasó una década sin títulos nacionales entre 2013 y 2022, un periodo marcado por crisis deportivas, problemas institucionales y temporadas donde el objetivo parecía ser solo resistir. Para muchos, ir al estadio era un acto de fe más que de expectativa. Por eso, cuando la ‘U’ empezó a ganar de manera sostenida, no solo cambió el equipo: cambió el entorno
Con el triunfo llegaron nuevas miradas. Personas que antes observaban de lejos empezaron a acercarse, a “subirse” a un barco que luce ganador. Y sí, con el tiempo probablemente se enamoraron del club. Pero, siendo honestos, ¿cómo no hacerlo ahora? La garra, el compromiso y la forma en que este equipo saca adelante partidos complejos construyen un relato que engancha incluso a quien no sufrió los años oscuros.
Ahí aparece el otro lado de la moneda. Porque eso mismo se convierte en un arma de doble filo. El hincha que hoy se acostumbró a ganar, ya no pide solo campeonar: pide ganar todo, y hacerlo bien. Dominar, convencer. Basta escuchar las conversaciones afuera del estadio: empates que se sienten como derrotas, triunfos por 1-0 que dejan más fastidio que alivio. Para muchos, ya no alcanza con sumar de a tres; hay que hacerlo con autoridad. Es el síntoma más claro de un cambio profundo. Universitario pasó de ser un equipo ganador, a uno al que se le exige más. Y esa exigencia, aunque pesada, también es una señal de crecimiento. Porque solo a los equipos grandes se les pide tanto.
Quizás el mayor cambio no esté solo en los resultados, sino en la convicción. Universitario volvió a creer en sí mismo. Y cuando un club grande se cree capaz de revertir lo que parece irreversible, aquella frase deja de ser consigna para convertirse en realidad.
Nunca den por muerto a la ‘U’.
Hoy, más que nunca, ya no suena a exageración.