El pase perfecto, la calma para jugar, los títulos conquistados y los gestos que no se ensayan, la salida de Rodrigo Ureña abre una pregunta inevitable sobre su lugar en la historia reciente de Universitario.
La salida de Rodrigo Ureña de Universitario de Deportes deja una sensación difícil de explicar. No se trata solo de la partida de un buen futbolista, sino del cierre de una etapa que terminó siendo sinónimo de equilibrio, carácter y continuidad en la ‘U’. En estos días se ha hablado incluso de trabas y diferencias administrativas en el traspaso a Millonarios, lo que terminó de encender el ruido alrededor de una despedida que, por su peso, merecía más calma.
Ureña nunca fue el jugador más llamativo ni el que acaparaba flashes. Su importancia estaba en lo silencioso: el orden cuando el partido se descomponía, el pase simple para salir limpio, el quite preciso. Era ese tipo de futbolista que no siempre aparece en primera plana, pero que casi siempre sostiene al equipo. Y en un club grande, ese rol pesa tanto como el gol decisivo.
Los números ayudan a entender por qué su despedida genera debate. Durante el periodo en el que Ureña fue parte del plantel, Universitario conquistó los títulos nacionales de 2023, 2024 y 2025, logrando un tricampeonato histórico. Fue una etapa marcada por regularidad y competitividad, donde el mediocampo tuvo en él a una de sus piezas más confiables. No fue casualidad: su constancia coincidió con uno de los ciclos más exitosos del club en los últimos años.
En la historia de la ‘U’…
Por eso la pregunta aparece de forma natural, sin necesidad de exagerar: ¿Rodrigo Ureña es el mejor extranjero que ha pasado por Universitario en este siglo? La respuesta dependerá de cada criterio.
Si se mide solo por talento individual, habrá otros nombres. Si se evalúa por goles o momentos icónicos, también. Pero si el criterio es la combinación de continuidad, garra, compromiso, títulos y lectura colectiva del juego, Ureña merece, como mínimo, estar en esa mesa.
Y al final queda el recuerdo, que suele ser más fuerte que cualquier estadística. El de verlo caminar con tranquilidad por la cancha del rival, como si el entorno no lo alterara, tomándose un café. El de cada celebración de título, con una bandera chilena amarrada a la cintura y la bandera crema ondeando con orgullo, feliz. En esos instantes, era imposible no pensar que estaba enamorado del club.
Tal vez por eso duele. Porque no todos los que pasan por la ‘U’ logran eso. Y no todos los que se van, se quedan así.